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Mundo laboral, aléjate

Mi primera incursión en el mundo laboral ha sido contradictoria. Increíble, aterradora, cansadora, llena de cosas nuevas, esclarecedora, una locura. Pasé de no haber trabajado nunca a estar 12 horas en un canal de televisión, dormir un par y llegar a las 7.30 de la mañana de nuevo y empezar otra jornada.
Estando en prensa me di cuenta que los periodistas estamos locos. Nadie en su sano juicio hace turnos así de largos todos los días, nadie se fascina con una noticia, nadie puede embriagarse con un breaking news. Así somos. Todo por una primicia, por golpear a la competencia, por salir al aire. Es ahora. No hay ni dos minutos de espera.
Me fascina lo poderosos que son los medios y lo que pueden influir en la gente. Es una tremenda responsabilidad, el lector o televidente va a creer a ojos cerrados lo que tu le digas, es poco probable que rechequee.

Pero no he podido acostumbrarme a salir más tarde de mi horario. Parece algo trivial, pero no puedo soportar ver pasar mi hora de salida y no poder dejar todo tirado y salir volando. 1, 2,3 y hasta 4 horas más y no puedo decir nada. Es impotencia, frustración. Es sentir que me pasan a llevar, que no les importa que sea persona, que estoy a punto de reventar. Que cada día ando con las lágrimas más a flor de piel, que no me da ni para juntarme con mis amigos. Que me voy a perder el cumpleaños de mi único sobrino porque estoy demasiado cansada como para viajar. Que me ponen un turno a las 6 de la mañana y da lo mismo que haya salido a las 10 el día anterior. Nada importa, sólo que esté ahí y haga hartas mudas y ojalá una nota.

Me encanta mi lugar de trabajo, ha sido una experiencia increíble. Pero creo que también demasiado impactante. Por favor trabajo, aléjate de mi todavía un par de años.
¿¡Quién chucha te crees que eres!?

te vas

-Me voy, dijo él. Termino esto y no vuelvo más.

A ella se le cayó una lágrima, que rodó lentamente por la mejilla, tomó camino por la comisura de la boca y se perdió en sus labios.

- ¿Por qué lloras? No hay que hacer tanto drama.

- Porque ahora sí que no te voy a volver a ver nunca más.

- No seas mina. Si es un año no más. Y obvio que nos vamos a ver.

Lo miró con ojos tristes.

-Te apuesto que no.

¿Dónde se compra un buen ojo para los hombres? Ah, ¿venía de fábrica? Entonces, ¿¡dónde estaba yo en ese momento!?
Prometí que nunca más iba a llorar por un hombre. Y aquí estoy, de nuevo. Prometí que nunca más iba a dejar que alguien me hiriera de esta forma, y aquí estoy, temblando incontrolablemente. Prometí no volver a fijarme en un weón así, y aquí estoy, con el corazón en la mano.

Querida Julieta

Querida Julieta:

No sé realmente como decir esto. Es más, ni siquiera sé como plantearte el problema que tengo, ya que no soy capaz ni siquiera de asirlo y entenderlo.
Él está ahí, todas las semanas, casi todos los días. Se me aparece en los rincones, me sonríe, conversamos, nos reímos. Y yo ya pasé a la etapa en que espero por verlo y en que en la mañana pienso en qué ponerme según las posibilidades de encontrármelo.
Y, sinceramente, no tiene idea que existo. Más allá de mi presencia física, no tiene la más remota idea.
Y yo no sé que es esto. Si es mi vía de escape en un semestre horrible, si es imaginación, si ando detrás de todo hombre que se me cruce en el camino. ¿Cómo supiste alguna vez que Romeo era quién debía ser? Porque las mariposas, el corazón que salta y todas esas taradeces no funcionan, te lo aseguro. O más bien, puede ser que haya algo medio averiado en mí.
Ay, Julieta, ¿por qué existe esa parte de la mente que se especializa en imaginar cosas que no son? ¿Y por qué será uno tan idiota de creérselo cuando la parte racional te dice a gritos que no es verdad? Nos gusta sufrir. Y no hay problemas con sufrir, sinceramente, pero esta incertidumbre de estar en la nada y de no entender nada, me desespera.
Además Julieta, tu tienes parte de la culpa. ¿Cómo se te ocurre vivir una historia que sería el epítome del romanticismo? ¿Que hace que toda mujer busque un Romeo, o un amor tan poderoso y trágico como el suyo? Es parte por tu culpa que las mujeres estamos tan mal como lo estamos.

Julieta, escribirte es una tontera de enormes proporciones. Pero el si quiera imaginar el poder escribirle una carta a alguien como hace que valga la pena. Porque necesitamos consejos, y quién mejor para darlos.

Sofía

Lejos

Creo que cambié. No sé si maduré, si mi vida dio un vuelco, si ya no espero nada de nadie. Se que me he distanciado. Vivo en mi mundo que ya no es rosa y donde los príncipes azules ya no sonríen ni tienen el pelo castaño rizado. La verdad, es que estoy existiendo entre letras. Letras en la universidad, letras de los libros, letras de la revista que he llegado a querer y que es mi niña. Y es lindo vivir entre letras, porque te hacen volar, creer, soñar y reír.

Pero no son reales.

Y aunque no lo parezca, soy consciente de que vivo en otro tipo de mundo paralelo. Si antes era el mundo de las historias románticas, ahora es el mundo del día a día, de vivir anestesiada, ocupada, sin pensar. Sin sentir. Mi constante es evadirme, ya lo creo. ¿Será que no me puedo conformar con el mundo en el que vivo? Pero tampoco hago todo lo que podría hacer para cambiarlo. Y es más fácil tomar el camino corto, el que no tiene espinas y para el que no tienes que purgar todos los demonios interiores.
Que no se malinterprete, estoy contenta. Siento que he llenado espacios que antes tenía huecos, que he encontrado diferentes formas de ser feliz. Y el príncipe azul puede irse al carajo, si quiere. Porque yo ya no lo quiero aquí, no quiero a alguien que se crea- y sepa- lindo, inteligente, culto. Me da lo mismo. Y no pienso perseguir a nadie, si a alguien le intereso puede acercarse él solito. Que, a pesar de todo, no muerdo.

Hora de cambio de fondo.

Extraño en la disco

Hace tanto que no escribo aquí que casi parece como si lo tuviese botado...pero cada vez que quiero expresar algo y no se a quién ni cómo, termino volviendo a Caleidoscopio.
Esta vez lo que me trae aquí son temas del corazón...cosas que me han rondado por tanto tiempo que ya son parte integral de mí. Dudas, anhelos, deseos y temores. Todos ellos están siempre presentes en mi vida, a veces van, otras desaparecen, pero siempre están ahí, debajo de todas esas capas de auto seguridad y de confianza en mi misma que trato de construir.
Para el día de mi cumpleaños besé a un tipo en una disco...por varias razones fue especial y bonito (que él fuera muy atractivo no tiene nada que ver, cómo se les ocurre! JA). Me dio su numero y me dijo que lo llamara, que no andaba con su celular en el momento pero que lo pinchara para volver a contactarnos. Y quedó ahí, en un beso de despedida mientras de fondo sonaba New York de Frank Sinatra.
Ha pasado casi una semana y yo sigo enredada en una espiral de deseos y temores. Quiero llamarlo, quiero verlo y juntarme con él, pero a la vez sé que puede haber sido algo de el momento para él y no quiero que la decepción me caiga como un balde de agua fría en la cabeza.
No suelo hacer cosas así, así que creo que la razón a todo este gran quebradero de cabeza es que quiero que sea algo más de lo que fue. Probablemente no se acuerde de mi nombre, ni de quién soy. Probablemente fue a la disco el fin de semana y encontró a otras niñas con quien disfrutar su noche.
Pero la esperanza de poder comenzar algo no me abandona y me persigue en las noches. Está ahí, me hace ver su número y escribir mensajes que no mandaré. Patético, si sé. El caso es que no sé cómo sacarlo de mi cabeza y no me estoy refiriendo a un amor nacido de un flechazo, si no que no puedo olvidar todo lo que él podría representar. Mi mente vuela hacia él en las noches y me hace pensar en ocupar ese maldito número, cosa que al final no hago por temor. A que no tenga idea quién soy, a que no le interese, a que no se acuerde.
Tengo que soltarlo, dejarlo ir. Pero anhelo tan profundamente todas esas posibilidades que entreví en algún momento que no puedo y no quiero.

Conclusión: estoy cagada, sigo siendo una romántica sin causa y un año de psicólogo no fue suficiente para que dejara de armar castillos en el aire.

¿Qué quiero?

Todavía no llega el fin de año, así que se supone que no es hora de revisiones o de listas de cosas buenas y malas, pero da lo mismo. En realidad, hace tiempo que da casi todo un poco lo mismo así que estamos siguiendo la misma tónica desde hace meses.
Hoy fue el último día del semestre. Semestre difícil, con más ramos, con más estudio del serio, con más problemas y tantas cosas más. Va a sonar un poco cursi, pero ha sido un semestre de conocerme a mi misma, de entender por qué hago las cosas y si realmente quiero hacerlas. De aceptarme, de dejar de tirarme para abajo porque sí y también de aceptar de una buena vez que los cuentos de hadas no existen.
Hay tantas cosas que hago porque otros quieren, porque a otros les parecen o porque son lo que debería hacer una "niña modelo". ¿Por qué serlo? Para cumplir las expectativas de otros, la mayoría de las cosas que hago se rigen por OTROS. ¿Qué clase de vida tengo y còmo la estoy viviendo si no lo hago como yo quiero?
No quiero seguir haciendo cosas que no me dan satisfacciones o me retroalimentan, no quiero mantener relaciones por apariencias, no quiero ir a lugares que no quiero, no quiero aceptar abusos y no quiero hacerle las cosas a otros.

¿Qué quiero yo? Eso es lo que estoy tratando de responder hace tanto....quiero viajar, pasarlo bien. Quiero conocer gente, quiero ser yo misma, quiero aceptarme como soy. Quiero encontrarme bonita y atractiva sin tener que bajar 15 kilos, quiero leer mucho, quiero ir al cine, reirme y juntarme con la gente que me haga bien. Quiero simplemente aprender a ser yo misma.

miedo

Y resumiendo todo, me fue bien. Y estuve tan feliz, porque hablamos todo, nos dijimos todo y estamos como antes, mejor incluso diría yo.
Y estaba tan feliz, hasta que la maldita canción sin importancia sonó y las lágrimas cayeron de nuevo desde mis ojos, sin razón lógica. Y estaba feliz hasta que me acordé de lo que conversé el otro día con la psicóloga y me di cuenta que estoy llena de trancas y de miedos.
Que básicamente tengo miedo de ser feliz, de cometer errores, de dejarme llevar. Miedo a no ser lo que otros esperan, miedo a estar sola siempre, miedo a no encontrar al idiota con que vengo pensando hace siglos. Miedo a que todo lo que sostiene mis fantasías, sueños y ese "mundo de sofía" no exista y todo se derrumbe tan estrepitosamente que va a sonar a una burla.
¿Cómo se espera ser atractiva para otros si ni siquiera estoy segura de mi misma? Nunca he pensado en mí como alguien tímido, pero ¿cómo se explican todas esas veces que, estando en lugares nuevos y desconocidos, me es tan absolutamente difícil hablar?

A veces simplemente odio a mi psicóloga. Por mostrarme todas esas cosas, por hacerme ver que estoy muerta de miedo y por decirme que vengo soñando la mitad de mi vida con tonterías románticas y ni siquiera me atrevo a hacerlas realidad. Por hacerme llorar sin ninguna razón, como ahora.

problemas

Este semestre no ha sido mi mejor época en cuanto a relaciones se refiere. Y ojalá estuviera hablando sobre relaciones amorosas, porque de eso nada. Cero. Me refiero a las relaciones de amistad, esas que uno da por sentado y que son tan naturales como respirar.
Supongo que los problemas no aparecen de la nada, si no que son el resultado de la acumulación de miles de cosas que no hemos comentado, pequeñeces que nos molestaron pero que sin embargo no manifestamos en su momento, y así sucesivamente. Los problemas siempre han estado ahí sólo que muchas veces no queremos verlos, preferimos cerrar los ojos porque así todo es más fácil y sencillo. Pero a fin de cuentas es complicarlo todo, porque después de un tiempo lo que era chico se hace grande, indimensionable y complejo.
Cuesta hablar las cosas con claridad, diciéndolas sinceramente y sin rencores. Cuesta enfrentarnos a nuestros defectos reflejados en otros, cuesta decir lo que nos molesta sin herir a nadie y con ánimo constructivo. Cuesta hacer las cosas por primera vez, enfrentarnos a nosotros mismos y a quienes son parte de nustro círculo más íntimo.
Pero hay veces que todo lo anterior se reduce a nada porque salvar una amistad vale eso y mucho más. Porque para clarificar las cosas y fortalecer las relaciones hay que hablar con la verdad, esperando ser entendidos y a la vez entendiendo al otro. Y una vez que logramos el vínculo hay que mantenerlo, cuidarlo, alimentarlo. Porque así se construyen cosas para toda la vida.

Sé que puede sonar cliché, ultra típico o muy obvio, pero llegar a estas conclusiones me ha costado. Ya contaré si las puse en práctica o no.