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te vas

-Me voy, dijo él. Termino esto y no vuelvo más.

A ella se le cayó una lágrima, que rodó lentamente por la mejilla, tomó camino por la comisura de la boca y se perdió en sus labios.

- ¿Por qué lloras? No hay que hacer tanto drama.

- Porque ahora sí que no te voy a volver a ver nunca más.

- No seas mina. Si es un año no más. Y obvio que nos vamos a ver.

Lo miró con ojos tristes.

-Te apuesto que no.

Por qué a mi? Sinceramente, qué mierda hice para merecer esto? Explicaciones son bienvenidas, please.
I was told I was beautiful
But what does that mean to you

De qué sirve todo lo dicho y vivido? En realidad, probablemente hoy soy la única que no quiere levantarse y que no sabe qué hacer con su corazón partido en mil pedacitos. Porque a pesar de ser tan perceptivo, nunca te diste cuenta. O no quisiste darte cuenta, quién sabe. Y porque a pesar de jurarme amistad eterna, al final del día no eran más que palabras.

El caballero de la brillante armadura no existe. El príncipe azul tampoco. Las casualidades menos. ¿Cómo hacer que mi corazón entienda todo esto?

Lejos

Creo que cambié. No sé si maduré, si mi vida dio un vuelco, si ya no espero nada de nadie. Se que me he distanciado. Vivo en mi mundo que ya no es rosa y donde los príncipes azules ya no sonríen ni tienen el pelo castaño rizado. La verdad, es que estoy existiendo entre letras. Letras en la universidad, letras de los libros, letras de la revista que he llegado a querer y que es mi niña. Y es lindo vivir entre letras, porque te hacen volar, creer, soñar y reír.

Pero no son reales.

Y aunque no lo parezca, soy consciente de que vivo en otro tipo de mundo paralelo. Si antes era el mundo de las historias románticas, ahora es el mundo del día a día, de vivir anestesiada, ocupada, sin pensar. Sin sentir. Mi constante es evadirme, ya lo creo. ¿Será que no me puedo conformar con el mundo en el que vivo? Pero tampoco hago todo lo que podría hacer para cambiarlo. Y es más fácil tomar el camino corto, el que no tiene espinas y para el que no tienes que purgar todos los demonios interiores.
Que no se malinterprete, estoy contenta. Siento que he llenado espacios que antes tenía huecos, que he encontrado diferentes formas de ser feliz. Y el príncipe azul puede irse al carajo, si quiere. Porque yo ya no lo quiero aquí, no quiero a alguien que se crea- y sepa- lindo, inteligente, culto. Me da lo mismo. Y no pienso perseguir a nadie, si a alguien le intereso puede acercarse él solito. Que, a pesar de todo, no muerdo.

Hora de cambio de fondo.