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te vas

-Me voy, dijo él. Termino esto y no vuelvo más.

A ella se le cayó una lágrima, que rodó lentamente por la mejilla, tomó camino por la comisura de la boca y se perdió en sus labios.

- ¿Por qué lloras? No hay que hacer tanto drama.

- Porque ahora sí que no te voy a volver a ver nunca más.

- No seas mina. Si es un año no más. Y obvio que nos vamos a ver.

Lo miró con ojos tristes.

-Te apuesto que no.

Muerte de un grande

Se murió mi autor favorito....y quiero llorar. Simplemente un genio.

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Mario Benedetti

¿Les cuento un secreto?

Tengo un amante. Es tierno y dulce, aunque a veces apasionado y un poco brusco cuando algo lo irrita. No es vergonzoso y me hace cariño en la calle, me desordena el pelo y pasa su mano por mi mejilla, lo que me hace sentir única.
Cada vez que me mira siento algo extraño y cálido en mi interior, me siento en paz. Noto como mis músculos se relajan y sonrío sin proponérmelo.
Le gusta darme flores y enredármelas en el pelo, también jugar con las hojas en otoño y cubrirme con ellas, como si tuviese un manto de tonos rojizos y dorados.
Cuando caminamos por la calle me siento querida y sé que nunca me va a dejar sola.

Su nombre es viento.

Gris y sin sentido


Vacío. Un frío que se sube por tu pecho y te inunda, te ahoga y no puedes más. No respiras, no puedes reaccionar, no te mueves. Estás paralizado y en realidad no importa mucho, pues no tienes ganas de moverte. Te quedarías ahí por toda la eternidad, aovillado, con las manos rodeando tus piernas flectadas, mientras el mundo pasa y corre a tu alrededor.
Es una mezcla de emociones que te obstruyen la garganta y que no se deshace aunque tragues miles de veces. Es raro, pero el nudo que tienes en el estómago tampoco se deshace por más guateros que te pongas, o mucha cama que guardes. Está ahí y no se va. Te sigue cuando te levantas, cuando estás en la universidad, cuado caminas por la ciudad, cuando te acuestas. Y te pesa, sientes como si hubieses aumentado varios kilos, cuando en realidad has bajado.
El mundo y el tiempo caminan a tu lado pero no te ven, no te tocan, no te incluyen. Es como si estuvieras al lado de una carretera y los autos pasaran a toda velocidad mientras tú los miras, y ellos no se detienen.
Nada parece tener sentido, las pequeñas cosas de la vida que antes le agregaban un sabor especial a cada día perdieron su esencia, su color. La existencia se ve gris y tú sientes que tus propios tonos se van diluyendo en esa capa de humo que va cubriendo todo, que ya no te quedan matices para distinguirte del resto de las personas que caminan a tu lado.
Sientes que te falta algo, que una parte de ti está perdida y que tiene que estar en algún lado del planeta, buscándote también. Tal vez esa parte que falta sea la que pueda diluir los nudos en tu garganta y en tu estómago, hasta ahora indisolubles. Pero no la ves, no la encuentras y te sientes cada vez más pesado. Sin energía.
La gente que te rodea, que siempre te había entregado su cariño y afecto parece no existir más, se desvanece en el mundo gris. Sientes que te buscan, que te llaman, pero no te alcanzan. Y para ser sinceros, no quieres ser alcanzado. No quieres que vean cómo tus colores se pierden, tus matices se cofunden y tu peso aumenta con cada minuto que pasa, aunque para ellos será al revés, te ves más delgado y más frágil.
Necesitas un buen abrazo, uno poderoso que te envuelva por completo y así te saque con energía de ese pozo lleno de niebla espesa y oscura que se come tu vida. Pero no hay quien te abrace porque todos están lejos y grises, inmersos en una realidad de la cual no eres parte.
Te encoges más si es posible y tratas de mantener el calor que se escurre por los poros de tu cuerpo. El sol parece no calentar y su brillo es opaco, sin vida, justo como tú. Quisieras desahogarte, gritar, llorar, hacer algo, pero los nudos en tu cuerpo te lo impiden, te bloquean.
Te sientes abandonado, triste y melancólico. Nada tiene mucho sentido porque en realidad, te sientes extremadamente solo. Estás en un mundo sin escapatoria visible, que pasa a tu lado sin mirarte y que te está convirtiendo en algo gris. Te estás hundiendo en tu soledad.

Esto lo escribí en redacción...y contra lo usual y los pronósticos, me gustó mucho como quedó. Aunque creo que es un poco demasiado revelador, pero como alguien que no recuerdo quién es, me dijo...de qué sirve escribir si nadie te va a leer? me ha costado entenderlo, pero aquí está. Una parte de mí.

Estornudos y moqueo


Cuando mi papá sale de la casa en la mañana, estornuda. Al subirse al auto sigue haciéndolo y cuando llega a la oficina recién para de moquear y vuelve a ser él mismo de nuevo.
Yo no entiendo qué le pasa todos los días para que estornude así. Sólo sé que me gusta mucho el árbol que está fuera de la casa y que dos veces al año se llena de flores blancas. Ése mismo que mi papá mira y maldice todas las mañanas cuando se va al trabajo.



Un micro cuento que salió por ahí en estos días de primavera....es cortito, pero me gusta =) me gustaría también poder escribir más cosas así pero siempre tengo algo que hacer y hoy no es la excepción....debería estar escribiendo el trabajo de redacción, así que los dejo.


Besos!